¿AGUA, PALMERA O ROCA? Flexibilidad mental

“Nada es más suave y más flexible que el agua, sin embargo, nada lo puede resistir”. Lao Tzu


La palabra FLEXIBILIDAD viene del latín flexibilis que significa cualidad de poder ser doblado.

El Diccionario de La Real Academia lo define como:

  1. Que tiene disposición para doblarse fácilmente.

  2. Que se adapta con facilidad a la opinión, a la voluntad o a la actitud de otro u otros.

  3. Que no se sujeta a normas estrictas, a dogmas o a trabas.

  4. Susceptible de cambios o variaciones según las circunstancias o necesidades.

Como se pueden dar cuenta, la flexibilidad presenta diferentes definiciones dependiendo del contexto en el cual esté la palabra.


Para fines de este blog, ser flexible es la capacidad que tiene una persona para adaptarse a los diversos cambios que envuelve la vida o acondicionar las normas a las distintas circunstancias por muy adversas que sean sin “romper o quebrar” su equilibrio interno.




Nuestra vida cambia todo el tiempo, en ocasiones muy rápido, otras drásticamente y la mayoría de las veces, no tenemos control sobre esto. Los seres que tienen mayor grado de supervivencia son aquellos que se adaptan a la realidad cambiante con más facilidad.

A lo largo de mi vida tuve que mudarme muchas veces, estudié en 10 escuelas y viví en lugares diferentes antes de entrar a la universidad, debido al tipo de trabajo que tenía mi papá. Fue difícil pues me daba mucha ansiedad y al llegar a cada espacio desconocido protestaba, pero después estaba feliz de hacer nuevas amigas. No supe lo importante que había sido todos estos cambios hasta que como adulta, me tocó salir de mi país por problemas políticos y puedo decir con orgullo que todas esas experiencias me ayudaron a adaptarme con rapidez.

En psicología estudiamos dos tipos de Flexibilidad:

  1. Cognitiva

  2. Emocional

Flexibilidad Cognitiva: Tiene que ver con la capacidad de nuestra mente de estar abierta a nueva información, a opiniones diferentes a las nuestras, a oportunidades de aprendizaje, a creencias distintas, a evolucionar y experimentar. Cuando somos flexibles mentalmente, tenemos más posibilidades de ser creativos y constructivos en todas las áreas de nuestra vida, es lo contrario a la rigidez mental y el dogmatismo, que sería pensar siempre igual sin tomar en cuenta las nuevas situaciones y circunstancias que se presenten.

Flexibilidad Emocional: Es una habilidad de la inteligencia emocional y se asocia con tolerancia y resiliencia, nos ayuda a adaptarnos pues cuando somos flexibles emocionalmente, expresamos sanamente la gama de emociones que sean congruentes con los acontecimientos que nos toque vivir. También hay mayor empatía y podemos manejar efectivamente el dolor, rabia, confusiones y ansiedad ante lo inesperado, lo cual nos permitirá un ajuste más fácil a las circunstancias y fortalecerá nuestra personalidad.

RESISTENCIA A SER FLEXIBLES

Muchas veces nos negamos a ser flexibles pues lo asociamos con dejarnos “llevar” por lo que otros digan, a ceder a lo que nos pidan y a la pérdida del poder e identidad. Nada más alejado de la realidad. Las personas flexibles crecen con la adversidad y se hacen más fuertes...en cambio las inflexibles, rígidas e incambiables “quiebran” su equilibrio y se “rompen” internamente con facilidad. Basta ver la naturaleza para observar la importancia y beneficios de la flexibilidad.

¿Eres como el agua, las palmeras o la roca?

Walter Riso, psicólogo especialista en terapia cognitiva tiene dos libros que me encantan acerca de este tema: “El arte de ser flexibles” y “El poder del pensamiento flexible”. Para él, la flexibilidad es una virtud y nos habla de los 3 tipos de mente:

  • Rígida: Mentalidad súper cerrada, “rocas” pensantes que no aceptan otras creencias más que las suyas y quieren tener control de todo. Tienen mucho miedo.

  • Líquida: Mentalidad que no tiene criterio ni opinión establecido y se ajusta como el “agua” a todo, siempre están de acuerdo con los demás, no tienen clara su identidad.

  • Flexible: Mentalidad clara sobre lo que son y quieren pero pueden adaptarse y ajustarse a lo que aparezca sin perder su esencia, como las “palmeras”.

La imagen de la palmera es la que más me gusta, sé que muchos autores también usan el bambú como ejemplo de flexibilidad pero como buena caribeña, me identifico más con la primera; las palmeras saben que pueden doblarse en diferentes direcciones sin desprenderse del suelo, sin romperse ante tempestades y ventarrones. Son muy fuertes a pesar de lo delgadas que se ven. Durante una tormenta se mueven y doblan hasta el suelo, pero al final de la misma, recuperan su posición. No son dóciles, sino simplemente flexibles.

RETO PARA CULTIVAR FLEXIBILIDAD

Desafiate a ti mismo: Haz algún cambio en tu rutina habitual, algo que no te haga sentir muy cómodo pero que sabes que te puede ayudar a estirar tu capacidad de ser flexible mentalmente. Por ejemplo: camina hacia atrás en un sitio conocido por ti, conduce por una vía diferente a la que normalmente recorres, circula por las tiendas que visitas de manera distinta, lee acerca de un tópico que nunca habías leído antes.

Sé por experiencia propia que si no cultivamos nuestra flexibilidad mental y emocional, nos quebraremos tarde o temprano, así que te invito de corazón a que ejercites tu cerebro cada día viendo la vida desde perspectivas diferentes sin desconectarte de tu verdadero ser.

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